18 febrero 2010

Cinderella: "Heartbreak Station" (1990)


De vez en cuando uno se topa con trabajos que suenan a clásicos intemporales desde el momento en que los escucha, trabajos que permanecen en tu interior contra viento y marea gracias a una magia especial que es imposible de definir y que brilla con luz propia en cada tema, en todos y cada uno de los detalles. De alguna manera la química funciona y aparecen así las verdaderas obras maestras.

Cinderella habían editado ya dos trabajos antes de este "Heartbreak Station", dos álbumes de glam-rock poderoso que, sin embargo, no se alejaban demasiado de los parámetros marcados por Motley Crue o Bon Jovi (de hecho fue el amigo Jon quien les consiguió su primer contrato), aunque se podía advertir el gusto de Tom Keifer por el rock más bluesy de unos Aerosmith, con quienes se les solía comparar en sus inicios. Pero con su tercer trabajo la banda daría un salto cualitativo que nadie se esperaba, una muestra de talento e inspiración que dejó muchas bocas abiertas y causó no pocos desconciertos entre sus seguidores habituales. ¿Por qué? Pues porque "Heartbreak Station" bebía directamente y sin tapujos del rock sureño más profundo, del blues e incluso del country, con unas influencias más que palpables de los mismísimos Rolling Stones, sin dejar de lado ese sonido de sus comienzos que tan bien les funcionó.

Todos y cada uno de los temas que componen este maravilloso trabajo transmiten una honestidad y una calidad que roza en lo sublime: slides, armónicas, coros gospel, secciones de viento, la voz rota de Keifer... pero por encima de todo destacan los increíbles arreglos de John Paul Jones, los cuales forman una colección de momentos auténticamente únicos, con sabor a carretera, bares, whisky y rock 'n' roll. La labor de todos los músicos es inconmensurable, pero el feeling que aportan el "lead guitar" Jeff LaBar y el batería Fred Coury merece una mención de honor, especialmente la del segundo. A todos los que os guste la percusión, empollaos este disco, porque ¡menudo tratado en la materia! Todo un monstruo, el señor Coury...

El comienzo del álbum es pura energía, con "The More Things Change", su riff de slide inicial y unas secciones de viento muy chulas. "Love's got me doing time" tampoco es manca, con un omnipresente wah-wah y un ritmo sensual y eléctrico. Pero las sorpresas de verdad comienzan con "Shelter Me", absolutamente stoniana, con unos coros que ponen los pelos de punta, una composición simplemente perfecta que muestra el inmenso potencial que escondían aquellos pelos crespados y aquellos kilos de maquillaje, demostrando que esta gente conocía sus verdaderas raíces y estaban dispuestos a mostrarles al mundo lo que es el rock 'n' roll. La preciosa balada acústica "Heartbreak Station" cuenta con unos sublimes arreglos de cuerda del ex-bajista de los Zep, metiéndonos de lleno en uno de los momentos más intensos de todo el trabajo, cosa a lo que ayuda su melancólica letra y la voz cascada de Tom Keifer dando todo de sí. "Sick for the Cure" sigue subiendo el nivel de manera alarmante, ¿es que no hay ningún tema malo en este disco? Pues no, y esta nueva pieza vuelve a revisitar a los Stones con la cabeza bien alta, y es que hace falta mucho nivel para no caer en una burda copia o imitación.

Y un punto y aparte es necesario para hablar de "One for rock 'n' roll", una auténtica declaración de principios con una letra que reboca honestidad y autenticidad la cojas por donde la cojas, con un ritmo más cerca del country más profundo que del AOR de los Bon Jovi que les apadrinaron. Sólo por este INMENSO tema cualquier grupo merecería el la gloria eterna y un lugar de privilegio en la historia del rock, así os lo digo, tal como lo siento. Tras él, el blues puro, de delta del Mississippi, de "Dead Man's Road" para ir subiendo el ritmo de nuevo; y el trallazo de "Make your own way", con la banda al completo disparando unos riffs mortales de necesidad y una batería de las de cortar el hipo. "Electric Love" es un poco extraña, con sus efectos de voz y guitarras, quizás sea la que menos encaje en el entramado general de la obra, pero en su contexto tampoco queda nada mal. Para cerrar este trabajo otro rock 'n' roll sin grandes excesos de contundencia, "Love gone bad", y otra preciosa balada, "Wind of Change", con una letra que sólo puedo describir como emocionante, como un retrato del horizonte abierto por la banda en este álbum, como si Tom Keifer se diera cuenta de lo que ha creado y viera abrirse todo un mundo nuevo ante él, cosa que por otra parte implica dejar atrás muchos caminos ya conocidos y recuerdos, con su inevitable sabor a melancolía...

Quizás sea cosa mía, pero tengo este trabajo como algo muy grande, como un momento muy especial en la carrera de unos músicos que tenían que demostrar al mundo que tenían mucho que dar y mucho que enseñar. Unos músicos honestos, que han seguido grabando y girando cuando sólo un puñado de fans se acuerdan de ellos, envejeciendo lentamente como los mejores vinos, cada vez más sabios, más expertos, mejores en todo... Estos muchachos que empezaron casi como unos Poison cualquiera pronto serán parte de una leyenda, parte de ese elenco de figuras curtidas por la vida y la carretera que sólo quieren estar ahí para poder tocar una nota más... Como testimonio del principio de ese camino, aquí tenéis: "Heartbreak Station". Grande como la vida misma. Disfrutadlo.

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2 comentarios:

  1. Cinderella me encanta , aunque no podemos dejarnos atrás a judas priest , metallika , skid row , manowar and company eh .... ? y los ¡¡ w.a.s.p. ¡¡ que los ví en directo ¡¡
    saludos ¡¡¡
    www.sentir1907.blogspot.com

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  2. Estoy contigo cuñaoo. Magnífico trabajo. Salu2

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